La articulación temporomandibular es la única articulación móvil de la cabeza y es la más usada de todo nuestro cuerpo. Está formada por dos huesos: el temporal del cráneo y la mandíbula. Es una articulación bicondílea y entre estos dos cóndilos se dispone un disco articular, un cartílago flexible y elástico que sirve de amortiguación entre las superficies de los dos huesos. La articulación está rodeada por una cápsula reforzada por ligamentos y son muchos los músculos que actúan sobre esta articulación, como el temporal, masetero, pterigoideo interno y externo y los músculos suprahioideos e infrahioideos. La articulación temporomandibular es la responsable de diversas funciones: deglución, fonación, respiración y masticación.

¿Qué es la oclusión dental?

La oclusión es la posición terminal de cierre durante la masticación, deglución y bostezo, donde la arcada superior cae ligeramente sobre la inferior, con la máxima intercuspidación. Cuando esto no se produce y los dientes no están en armonía con la articulación temporo-mandibular y con los movimientos de la mandíbula se llama interferencia oclusal o maloclusión.

Según las diferentes características oclusales podemos encontrar distintas actitudes posturales. He aquí la clasificación según Angle:

  • Oclusión clase I: existe una relación molar normal.

En un paciente que presenta un pie normal, una oclusión correcta (clase I según Angle) y no presenta lesiones de sobrecarga de ATM ni de columna vertebral, su postura se considerara como adecuada . La posición del centro de gravedad se presupone dentro de los limites de normalidad.

  • Oclusión clase II, división 1: los incisivos están orientados hacia delante sin contacto anterior.
  • Oclusión clase II, división 2: los incisivos están orientados hacia atrás.
  • Oclusión clase III: adelantamiento de la mandíbula con desplazamiento de la cabeza hacia atrás.

Cuando existe una clase II o clase III según Angle, los pacientes adoptan posturas que les permiten compensar su retracción o protrusión mandibular respectivamente, en busca del   equilibrio postural, afectando también a esa postura adoptada si existe o no problema con alguno de los otros captores posturales, como son los ojos o los pies.

Cuando una persona tiene una “mala mordida” o maloclusión, ya sea de nacimiento o debido a extracciones dentarias o por cualquier otra causa, obliga a su aparato masticatorio a llevar a cabo toda una serie de ajustes con la finalidad de que su sistema nervioso no detecte estas anormalidades al morder, en consecuencia se altera el funcionamiento correcto de muchas estructuras. Los músculos deben mantener esta posición esquelética forzada o anormal de forma permanente, es decir, se mantendrán en actividad día y noche, sin descanso y con los dolores causados por esta tensión. A su vez, la tensión hace que los músculos de la cabeza, el cuello y los hombros se contraigan en respuesta a la nueva posición adoptada por la mandíbula.

Por otro lado, cuando existe dificultad para abrir o cerrar la boca con normalidad los músculos del cuello también sufren las consecuencias. Con el tiempo la tensión se hace crónica y la columna cervical pierde su flexibilidad, lo que predispone posiblemente a dolores de espalda durante mucho tiempo si no se trata adecuadamente.

Artículos científicos y también nuestra experiencia diaria demuestran que existe esta conexión entre los problemas mandibulares y la postura. En algunos pacientes, las distorsiones descienden desde la ATM, afectando a la postura del paciente. En otro grupo de pacientes, las distorsiones del cuerpo ascienden desde los pies, pelvis, columna o cuello para afectar a la dinámica de la ATM, perjudicando la oclusión dental, la posición del cóndilo y a toda la articulación en general.

Son diversas las causas que pueden provocar alteraciones de la ATM, pero en la mayoría de los casos crónicos nos encontramos con pacientes sometidos a estrés, con sobrecarga de la musculatura cervical y de la masticación.

LA POSTURA

La postura corporal va unida a la salud de la persona, ya que garantiza la correcta posición de todos los órganos y su buen funcionamiento. Si la postura es la adecuada, se permite una buena respiración, la irrigación sanguínea de todos los tejidos y una correcta posición de pelvis y miembros inferiores. El desequilibrio de las cadenas musculares, el sedentarismo y la tensión muscular crónica afectan negativamente a la movilidad de la columna vertebral y por tanto, a la movilidad de la articulación temporo-mandíbular.

Actualmente, debido a las malas posturas adquiridas en las actividades diarias (al dormir, trabajar, estudiar, ver la tv, malas posturas con ordenador o con móvil, cargar peso repetidamente, etc… ) estos problemas se agravan y se presentan cada vez con mayor frecuencia.

Los principales signos y síntomas que podemos encontrar en un paciente son:

  • Cefaleas
  • Rigidez y/o dolor cervical y de espalda.
  • Tensión en la musculatura del cuello.
  • Tensión en la cara (musculatura masticadora)
  • Maloclusión dental.
  • Enfermedad periodontal por exceso de presión si el paciente es bruxista (apretador).
  • A veces, dolor retroocular.

 ¿QUE PODEMOS HACER NOSOTROS COMO FISIOTERAPEUTAS?

Nuestra labor como fisioterapeutas y osteópatas es que el paciente mejore la percepción de su cuerpo, aliviar el dolor y mejorar la movilidad mandibular y cervical. Todo ello gracias al reequilibrio global de las cadenas musculares, relajando los músculos contracturados y tonificando los músculos débiles. Asimismo se persigue que la persona tome conciencia de los ritmos corporales bloqueados, especialmente de la respiración.

Por otro lado, es muy importante que el paciente aprenda a mantener una postura correcta en todas sus actividades diarias para evitar dolores y lesiones de espalda. Sin embargo a menudo el paciente es incapaz de mantener esa postura durante mucho tiempo. Esto puede ser debido a una debilidad de la musculatura abdominal o por un tono excesivo de la musculatura de la espalda. Este desequilibrio muscular es el causante de las malas posturas y de las posibles lesiones.

También es importante saber que la faja abdominal ayuda a la estabilidad de la columna y a conservar sus curvas fisiológicas, por lo que, para tener una postura saludable, es importante conseguir un buen tono de la musculatura que forma esta faja (principalmente el músculo transverso y oblicuos del abdomen), y para ello realizar ejercicios hipopresivos son el modo más adecuado.

La gimnasia abdominal hipopresiva (Low Pressure Fitness) nace como alternativa a los ejercicios tradicionales para fortalecer la musculatura abdominal y lumbar.

Low Pressure Fitness, como su nombre indica, es el fitness de baja presión, pues trata de entrenar las principales cadenas musculares al tiempo que se disminuye la presión intraabdominal. Es una técnica global basada en ejercicios posturales y respiratorios, cuyo principal objetivo es fortalecer la faja abdominal (muy importante para mantener una buena postura, como ya hemos dicho) y el suelo pélvico.

¿En qué nos puede beneficiar reeducar la postura mediante la realización de ejercicios hipopresivos?

Los ejercicios hipopresivos:

  • Aumentan la conciencia corporal: el paciente tiene más conocimiento de su cuerpo, por lo que le será más fácil buscar la postura correcta al realizar determinadas actividades.
  • Reeducan la postura: la secuencia de ejercicios repetidos y la puesta en tensión de algunos músculos tiene como fin automatizar la postura en el esquema corporal.
  • Normalizan tensiones musculoesqueléticas: Fortalece la musculatura débil y consigue relajar la musculatura contracturada.
  • Reeduca el suelo pélvico: Un buen trabajo corporal y una correcta postura ayuda a evitar problemas como la incontinencia urinaria, prolapsos o descensos de órganos internos.

Conclusión

En muchos casos, el origen de todos los síntomas de los que hemos hablado puede ser una mala postura repetida en el tiempo, debido a las sinergias nerviosas y musculares que terminan repercutiendo en la ATM. Pero no hay que olvidar que una disfunción en la ATM conlleva un sobresfuerzo en la musculatura cervical, paravertebral, etc, y que esta disfunción puede ocasionar posturas poco correctas.

Nuestros consejos para mejorar y prevenir los trastornos de la ATM son:

  • Evita, en la medida de lo posible, la hiperactividad mental y laboral, las malas posturas, respirar por la boca, comer alimentos muy duros o masticar chicle, en definitiva, todo lo que suponga un estrés para la articulación
  • Realiza un ejercicio adecuado que mejore tu postura corporal y te ayude a normalizar las tensiones musculares.
  • Visita a tu osteópata de confianza, él te indicará el tratamiento más adecuado para ti y tu situación en particular.
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